A más de 4.000 metros de altura, con temperaturas que descienden a los 15 grados bajo cero y viajes que podían extenderse por más de 15 horas en la parte trasera de un camión, comenzó, en 1975, la historia de Fernando Fernández Olivares como profesor rural en la localidad de Guallatire.
No era sólo llegar a hacer clases. Era aprender a vivir en el territorio, entender sus tiempos, sus silencios y sus necesidades. Saber qué alimentos resisten el frío, cómo se organizaban las familias y cómo sostener la vida en condiciones extremas. Así comenzó una trayectoria que se extendería por más de 50 años.
A lo largo de su vida docente, recorrió diversas localidades de la Región de Arica y Parinacota, como Alcerreca, Cuya, Illapata, Esquiña, Codpa y Chitita, llevando consigo una forma de enseñar que iba más allá del aula, porque conectaba con la vida cotidiana, con la cultura y con el territorio. En cada escuela, su propósito fue dejar una huella.
VOCACIÓN
En salas multigrado, donde el profesor debía enseñar a estudiantes de diversas edades al mismo tiempo, Fernández no solamente entregó contenidos. Enseñó a observar, a experimentar, a comunicar y a construir conocimiento desde lo cotidiano. Una caminata por el territorio, la convertía en una lección de historia, ciencias y cultura.
Pero nada de eso fue fácil, ser docente rural implicaba enfrentar condiciones muy diferentes de la realidad urbana: aislamiento, recursos escasos, dificultades de acceso y estudiantes que, muchas veces, no cuentan con escolaridad previa y que desde sus casas, recorren largas distancias para llegar a clases. Sin embargo, Fernando Fernández Olivares eligió quedarse.
Su última etapa la vivió en la localidad de Chitita, en el Valle de Codpa, donde permaneció por 18 años, consolidando una forma de enseñar profundamente arraigada en la comunidad, integrando saberes tradicionales, enseñando sobre hierbas medicinales, cultivos hidropónicos y su aplicación a la vida cotidiana.
EXPLORA
La búsqueda de nuevas oportunidades fue clave para enriquecer los procesos educativos. En ese camino, el profesor encontró un apoyo fundamental en la Universidad de Tarapacá, a través de la profesora Eliana Belmonte, quien le acercó el Programa Explora a su escuela.
Esta vinculación permitió abrir nuevas posibilidades para sus estudiantes, incorporando herramientas, metodologías y, sobre todo, una red de colaboración que trascendía el aislamiento geográfico. Gracias a esta articulación, niños de sectores rurales pudieron desarrollar habilidades de investigación y mejorar sus habilidades comunicacionales gracias a iniciativas como Clubes de Investigación e Innovación Escolar que los llevó a participar en Ferias Científicas y Congresos Explora.
Para Fernando Fernández Olivares, estas experiencias no sólo complementan el aprendizaje, sino que reafirman una convicción personal profunda: que la educación, cuando se conecta con redes y oportunidades, puede transformar realidades incluso en los territorios más apartados.
LEGADO
Para quienes compartieron con el profesor multigrado, su legado es profundo, así lo asegura el alcalde de la comuna de Camarones, Cristian Zavala Soto, quien afirmó que “reconocemos en él el esfuerzo, la cercanía, el amor por la educación rural y el vínculo con nuestra cultura y patrimonio. Porque nuestros niños y niñas son el alma y el futuro de las comunas rurales”.
Ese impacto también se refleja en la comunidad educativa. Karin Gatica Reyes, apoderada de la escuela de Chitita, recuerda que “el profesor no solamente enseñaba contenidos, también dejó una huella importante en la formación valórica de los alumnos. Siempre los guiaba, proyectándolos hacia el futuro, para que fueran más”.
Desde el Proyecto Explora, su directora, Mónica Navarrete Álvarez, quiere reconocer la trayectoria del docente y su compromiso con la educación en contextos rurales: “La historia del profesor Fernando Fernández Olivares refleja profundamente el sentido de nuestro trabajo, que es acercar oportunidades a todos los territorios. Su labor demuestra que, cuando existe vocación y se generan redes de colaboración, es posible transformar la educación y abrir nuevos horizontes para niñas y niños, sin importar dónde se encuentren”.
Su historia no sólo habla de un profesor. Habla de una forma de entender la educación, como un acto de compromiso, de resistencia y de amor por el territorio. Durante cinco décadas, Fernando Fernández Olivares no solamente enseñó a leer, escribir o calcular. Enseñó a valorar la identidad y a creer que, incluso, en los lugares más apartados, la educación puede cambiar vidas.